Vivir y morir de hotel

Son muchos los famosos a quienes la muerte les ha sorprendido en una habitación de hotel. El último nombre en sumarse a esta macabra lista ha sido el de Whitney Houston, fallecida en el Beverly Hilton de Los Ángeles. Pero también son muchos los personajes que hicieron de una habitación de hotel su hogar hasta el final de sus días, como Coco Chanel, Oscar Wilde o Alfonso XIII.

El fallecimiento de un famoso en un hotel suele ir acompañado del factor sorpresa, a pesar de que en muchos casos estas celebridades no son un modelo de vida sana y comparten un pasado marcado por el abuso de drogas, como fue el caso de Whitney Houston, fallecida el pasado 11 de febrero.

La cantante, de 48 años, había reservado una suite en el Beverly Hilton de Los Angeles para asistir a la fiesta que el productor musical Clive Davis celebraba allí la víspera de la gala de los Grammy. La cantante decidió darse un baño antes de arreglarse para el evento.

Fue la última vez que su séquito la vio con vida. Una hora después, su peluquera descubrió a la artista muerta en la bañera.

Los Angeles es la meca del espectáculo y donde se concentra un gran número de celebridades que, cuando están de paso, se alojan en uno de los muchos hoteles que ofrece la ciudad. Quizá por eso, estos establecimientos hoteleros tienen más posibilidades de ofertar “últimas noches”.

Uno de los hoteles con más encanto y personalidad es el Chateau Marmont, inspirado en un castillo del valle del Loira escondido en las colinas de Hollywood. Desde su aparición, en los años 30, se convirtió en lugar de encuentro de famosos, refugio de estrellas y set de rodaje.

Pero este hotel fue también el último alojamiento de John Belushi. El actor, músico y comediante murió en el bungalow número 3 a los 33 años por sobredosis, en 1982. Y hace sólo siete años, el fotógrafo de moda Helmut Newton perdió la vida al salir del Chateau Marmont y chocar su Cadillac contra un muro. La habitación donde falleció la exchica playboy Anna Nicole Smith cambió de número por decisión del hotel, que no quiso sacar partido a la desaparición de un personaje tan controvertido.

“La habitación donde falleció la exchica playboy Anna Nicole Smith cambió de número por decisión del hotel, que no quiso sacar partido a la desaparición de un personaje tan controvertido”.

Menos llamativo, pero muy popular a mediados de los 50 era el Hotel Hollywood Landmark, hoy Highland Gardens. En octubre de 1970, la habitación 105 alojó a Janis Joplin mientras grababa en el estudio Sunset Sound Recorders de Los Ángeles su “Buried Alive in the Blues”. Un disco que no llegó a terminar porque una sobredosis de heroína incluyó su nombre en el legendario “Club 27″ , junto a Jimi Hendrix o Jim Morrison.

Hotel dulce hotel

Pero cuando un personaje lleva viviendo décadas en un hotel, que concilie allí el sueño eterno no es sólo es esperable, sino que suele dar una gran publicidad al establecimiento.

Un ejemplo de una celebridad que unió su nombre a un hotel para siempre fue Gabrielle Chanel, más conocida como Coco Chanel, que vivió más de treinta años en el séptimo piso del hotel Ritz de París y, eso, a pesar de tener un lujoso apartamento en la rue Cambon de la capital francesa.

“Coco Chanel y Alfonso XIII fallecieron en lujosas suites donde llevaban años residiendo”.

La prestigiosa suite donde residió hasta el 10 de enero de 1971 y que hoy lleva su nombre tiene 155 metros cuadrados y consta de sala de estar, dos habitaciones, dos baños -uno de ellos con jacuzzi y sauna- y vistas a los jardines.

También en un hotel de la Ciudad de la Luz encontró Óscar Wilde el lugar donde pasar sus últimos días, fue “Hôtel d’Alsace”, en el número 13 de la rue de Beaux Arts. En la actualidad es un establecimiento de lujo, “L’Hôtel”, que ostenta con orgullo una placa en su puerta en la que recuerda que el poeta y dramaturgo irlandés falleció en ese edificio el 30 de noviembre de 1900.

El rojo domina la habitación que lleva el nombre del autor de “El retrato de Dorian Gray” y, para dar fe de su estancia, de las paredes de su cuarto cuelgan enmarcadas las cartas del director exigiendo a Wilde el pago de sus deudas.

Hasta los reyes, cuando no viven en palacios, buscan algo parecido, que suele ser una suite real de un hotel de lujo. La del Gran Hotel de Roma ha dado hospedaje a monarcas, jefes de estado y celebridades. Alfonso XIII, exiliado de España tras la llegada al poder de los republicanos, llegó a este hotel en 1931 y allí vivió hasta su muerte, el 28 de febrero de 1941.

Una sala de estar con piano de cola, dos dormitorios, dos vestidores, un baño de mármol con jacuzzi y un comedor privado con su propia cocina y bodega se reparten los cerca de 300 metros cuadrados de su suite real. El mobiliario estilo Luis XVI y los tonos burdeos, dorado y verde completan su decoración.

Popularidad indeseada

Pero las circunstancias que rodean al famoso o aquellas en que se produjo su muerte pueden disuadir a un hotel de utilizar el suceso como reclamo.

El Seminola Hard Rock Hotel de Hollywood, Florida, tuvo el triste honor de alojar por última vez a la exchica playboy Anna Nicole Smith, que murió de sobredosis accidental de fármacos en la habitación 607 del establecimiento el 8 de febrero de 2007.

“Whitney Houston, de 48 años, había reservado una suite en el Beverly Hilton de Los Angeles para asistir a una fiesta que se celebraba la víspera de la gala de los Grammy. Nada hacía presagiar que moriría en la bañera del hotel”.

El circo mediático montado en torno a su muerte y la posterior disputa por la paternidad de la heredera de Smith, su hija Dannielynn, llevó al hotel a tomar la decisión de sacar de su “inventario” la habitación donde murió o, para ser más exactos, cambiar el número.

El lujoso hotel Park Nai Lert en Bangkok estaba orgulloso de alojar a David Carradine mientras rodaba una película de artes marciales, hasta que apareció muerto el 3 de junio de 2009 en su habitación. Carradine estaba desnudo y con una cuerda de nailon atada al cuello y a los genitales. El forense descartó el suicidio y la Policía apuntó que el actor se asfixió accidentalmente durante una extravagante masturbación. Una estancia con triste desenlace que ahora el hotel prefiere olvidar.